Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¿No podÃa usted resistirlo?
—No podÃa resistirlo. ¡Además, verá…! —Pero se interrumpió.
—Además ¿qué? —Densher habÃa estado a punto de continuar… pero comprendió los peligros; por suerte, no obstante, ella volvió a ayudarle—. Además… ¡lo sé! Los hombres, en numerosas circunstancias, no tienen el valor de las mujeres.
—No tienen el valor de las mujeres.
—Kate o yo nos habrÃamos quedado —declaró—, si no hubiésemos tenido que irnos por el motivo que usted supo agradecer con tanta franqueza.
Densher no dijo nada sobre su agradecimiento: ¿no lo habÃa demostrado suficientemente con sus actos desde aquel momento? Pero no pudo contenerse y afirmó:
—No me cabe la menor duda de que la señorita Croy se habrÃa quedado.