Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¡Ah, sÃ, desde luego! Por supuesto, por supuesto: ¿por qué no iba a quererlo si lo tenÃa todo en el mundo? ¡Con todo ese dinero, pobrecilla, aunque espero que no juzgue usted de mal gusto que lo saque a relucir en un momento asÃ…!