Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Claro que me lo parece —respondió Densher—, pero no es que me aclare gran cosa. En realidad no me has dicho nada. Es todo tan vago que ¿cómo no pensar que tal vez estés equivocada? ¿Qué es lo que ha hecho, que nadie puede nombrarlo?
—De todo.
—¡Ah… de todo! Eso es lo mismo que decir nada.
—Pues algo en concreto —dijo Kate—. Que la gente sabe, aunque, gracias a Dios, nosotras ignoramos. Y que ha supuesto su fin. No creo que te costase mucho averiguarlo. PodrÃas preguntar por ahÃ.
Densher no dijo nada de momento, pero rectificó su silencio al instante.
—No lo harÃa por nada del mundo, antes preferirÃa cortarme la lengua.
—Sin embargo es parte de mà —dijo Kate.
—¿Parte de ti?
—La deshonra de mi padre —su voz revelaba más que nunca un pesimismo orgulloso e imperturbable—. ¿Cómo quieres que algo asà no afecte enormemente a nuestra vida?
Kate tuvo que soportar una de sus largas miradas y la apuró hasta las heces más profundas y embriagadoras.