Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Quisiera —replicó él— que, si has de sobrellevar algo asÃ, te apoyaras un poco más en mÃ. ¿Es miembro de algún club? —preguntó dubitativo.
Ella movió solemne la cabeza.
—Antes sÃ… de muchos.
—¿Se ha dado de baja?
—Lo han echado. Estoy segura. Eso deberÃa servirte de indicio. Le ofrecà —continuó enseguida la joven— irme a vivir con él, para eso fui a visitarle, para proporcionarle un hogar en la medida de lo posible. Pero no quiso saber nada.
Densher encajó la confidencia con una sorpresa evidente pero generosa.
—¿Le ofreciste irte a vivir con él y compartir sus miserias, a pesar de que dices que es «inaceptable»? —Por un momento, el joven sólo vio la sublime belleza de aquel sacrificio—. ¡Eres muy valiente!
—¿Crees que iba a sacrificarme por él? —No estaba dispuesta a reconocerlo—. No fue valor… sino lo contrario. Lo hice para salvarme, para escapar.
La expresión de él, tan constante en los últimos tiempos, dejaba claro que nadie le inspiraba sentimientos tan nobles como Kate.
—Escapar ¿de qué?
—De todo.
—¿Tal vez de mÃ, por casualidad?