Lo mas selecto
Lo mas selecto A Laura aquella frase le pareció extraordinaria: le pareció incluso vulgar; especialmente si se tenÃa en cuenta que no habÃa visto a aquel joven hasta media hora antes y, desde entonces, no habÃan cruzado más de veinte palabras. Llegó a sus oÃdos con tanta claridad que se sintió empujada a manifestarlo diciendo entre risas:
—Pobre señor Booker, ¿qué imagina Selina que puedo hacerle?
—Oh, teme por usted, no por él —dijo el señor Wendover.
Al cabo de un momento, Laura prosiguió:
—Tampoco habrÃa debido dejarme sola con usted.
—Oh, sÃ, claro que sÃ, a fin de cuentas —contestó el joven.