Lo mas selecto
Lo mas selecto —Ya está allí —dijo Laura, indicando el lugar; pero la señora Berrington no se dejó ver, quedó enmascarada por los demás. Tampoco se veía al señor Booker; al parecer, no lo habían persuadido para que se quedara allí y, ciertamente, Laura veía que tampoco había sitio para él. El señor Wendover observó, atribulado, que puesto que la señora Berrington no podría ver nada desde donde estaba, había cambiado un buen lugar por uno muy malo—. No me lo puedo imaginar… no me lo puedo imaginar —dijo la joven; pero hizo una pausa, perdiéndose en reflexiones y preguntas, en conjeturas que pronto se transformaron en ansiedades. El recelo, en cuanto a Selina concernía, estaba tan arraigado en su corazón que podía hacerla desgraciada, incluso cuando no señalaba en ninguna dirección concreta; y, al cabo de un cuarto de hora, se dio cuenta de qué poco se habían adormecido sus miedos desde aquella escena de desmelenamiento y contrición al amanecer.