Lo mas selecto
Lo mas selecto Cuando se dio cuenta, ya habÃa pronunciado esas palabras:
—¿Por qué ha venido usted tan a menudo?
—¿Tan a menudo? ¿A verla, quiere decir?
—¿A verme a m� ¿Era eso? ¿Por qué ha venido? —prosiguió.
Era evidente que Wendover estaba sorprendido, y su sorpresa la ofendió un poco, alimentó cierto deseo de que sus palabras lo hirieran, lo azotaran. Le dijo en voz baja:
—Ha venido muy a menudo… demasiado a menudo, ¡demasiado a menudo! —dijo Laura en voz baja, pero se oyó y pensó que si lo que habÃa dicho le sonaba a él de la misma manera que a ella…
Él se sonrojó, parecÃa alarmado y, sin duda, se habÃa llevado un tremendo susto.
—Bueno, ha sido usted tan amable, tan encantadora… —balbuceó.
—SÃ, claro. ¡Y usted también! ¿VenÃa a ver a Selina? Está casada, ya lo sabe, y plenamente dedicada a su marido.
Un solo minuto habÃa bastado para indicar a la joven que la pregunta habÃa pillado a su acompañante totalmente desprevenido, que, sin duda, no estaba enamorado de ella y que se encontraba frente a una situación nueva por completo. El efecto de esta percepción consistÃa en empujarla a decir cosas más fuertes.