Lo mas selecto
Lo mas selecto —En ningún momento me ha aclarado usted de quién está hablando —dijo el señor Wendover—. No me considero autorizado a deducir nada.
—¿Teme usted traicionarla? La aprecio más incluso de lo que desearÃa que la apreciara usted. Me ha contado lo que sucedió entre ustedes anoche, lo que le dijo en la ópera. De eso querÃa hablarle.
—Se comportó de un modo muy extraño —observó el joven.
—No estoy tan segura de que se comportara de un modo extraño. Sin embargo, me parece bien que lo piense usted, bien sabe Dios que ella también lo piensa. Está horrorizada de sus palabras; está totalmente abatida y trastornada.
El señor Wendover guardó silencio un momento.
—Le aseguré que la admiraba más que a nadie. Me mostré amabilÃsimo con ella.
—¿Lo dijo en este tono? ¡TenÃa que haberse echado a sus pies! Desde el momento en que no se arrodilló… seguro que comprende usted a las mujeres lo suficiente para entender lo que eso significa.
—Tenga en cuenta dónde estábamos: ¡en un lugar público, con muy poco espacio para echarse a los pies de nadie! —exclamó el señor Wendover.