Lo mas selecto
Lo mas selecto —La he seguido hasta aquÃ, he visto a la señorita Steet, ¡quiero implorarle que no vaya! ¡No se vaya, no se vaya! Ya sé lo que está haciendo. No vaya, se lo ruego. He visto a lady Davenant, querÃa pedirle que me ayudara, ya no puedo soportar más esto. Durante estos cuatro dÃas no he dejado de pensar en usted dÃa y noche. lady Davenant me ha contado muchas cosas ¡y le ruego que no se marche!
Laura abrió los ojos (habÃa algo en su voz, en su apremiante proximidad) y lo miró un momento: era la primera vez que lo hacÃa desde los primeros momentos de horror en el palco del Covent Garden. Laura nunca le habÃa contado nada de Selina que no fuera honorable.
—Me voy con mi hermana —dijo.
—Ya lo sé, y deseo de modo indecible que abandone la idea, no es buena, es un tremendo error. Quédese y permita que hable con usted.
La joven se incorporó y se puso de pie en el vagón. El señor Wendover hizo lo mismo; ella vio que la dama y el caballero del andén estaban cerca de la puerta.
—¿Y usted por qué se mete? Es asunto mÃo —contestó hablando entre dientes—. ¡Váyase, váyase, váyase!
—¿Cree que hablarÃa si no me importara? ¿Cree que me importarÃa si no la amara? —murmuró el joven, cerca de su rostro.