Lo mas selecto
Lo mas selecto Incluso después de que quedara claro que la señora Nettlepoint haría por ella todo lo posible, su madre siguió un rato sin moverse de su asiento, sorbiendo el refresco y contando lo «pachucho» que había estado el señor Mavis. En ese momento, el silencio de la joven me pareció todavía más deliberado, debido en parte, tal vez, a que despreciaba la locuacidad de su madre (ella había «mejorado» lo suficiente para advertir estas cosas) y, en parte, a que le entristecía demasiado dejar a su padre enfermo y quizá moribundo. Adiviné que eran pobres y que llevaría una suma muy reducida para su ajuar. Y, para que el señor Porterfield pudiera compensar esa cantidad, su situación tendría que haber cambiado. Si se había enriquecido con la práctica y el éxito en su profesión, lo cierto era que yo no había dado con los edificios que había construido y su reputación no había llegado a mis oídos.