Lo mas selecto
Lo mas selecto La señora Nettlepoint notificó a sus nuevas amigas que en el mar era una persona muy inactiva: estaba dispuesta a sufrir al máximo con la señorita Mavis, pero no a pasear con ella, a discutir con ella o acompañarla a la mesa. A eso la joven contestó que estaba segura de que la molestarÃa poco: creÃa que serÃa muy mala navegante y que pasarÃa el viaje acostada. Su madre se burló de esta imagen y profetizó un tiempo perfecto y una buena travesÃa, y yo dije que, si podÃan confiar en mÃ, como viejo solterón con bastante experiencia en estos mares, estarÃa encantado de ofrecer al nuevo miembro de nuestro grupo un brazo o cualquier otra forma de apoyo siempre que lo necesitara. Ambas damas me dieron las gracias (tomando mi descripción demasiado al pie de la letra) y la mayor declaró que, sin duda, formarÃamos tan buena compañÃa que le daba pena tener que quedarse en casa. Preguntó a la señora Nettlepoint si habÃa alguien más, si la acompañarÃa alguien de su familia; y cuando nuestra anfitriona mencionó a su hijo y explicó que tal vez embarcara pero (¡qué cosa tan absurda!) todavÃa no se habÃa decidido, replicó con extraordinaria franqueza:
—Oh, qué bien. Espero que vaya. A Grace le encantará.