Lo mas selecto
Lo mas selecto —Pero no tanto como ParÃs —dije con una sonrisa.
—Oh, ya lo sé todo de ParÃs, no es para mà nada nuevo. Tengo la sensación de haber estado ya allÃ.
—¿Se refiere a que ha oÃdo hablar mucho de ParÃs?
—Oh, sÃ. Durante diez años no he oÃdo otra cosa.
HabÃa ido a conversar con la señorita Mavis porque era atractiva, pero era consciente de que faltaba un buen tema y no me habÃa sentido autorizado a mencionar de nuevo al señor Porterfield. Ella no me habÃa animado, cuando hablamos al salir de Boston, a seguir con la historia de mi relación con aquel caballero; y, sin embargo, de repente, en aquel momento la señorita Mavis parecÃa dar a entender (sin duda, era una de las incoherencias mencionadas por la señora Nettlepoint) que podÃa tratar el tema sin pecar de poco delicado.
—Entiendo. Quiere decir por carta —observé.
—No viviré en una buena zona, sé lo suficiente para saberlo —prosiguió.
—Querida joven, no hay zonas malas —contesté en tono tranquilizador.
—¡Vaya! Pues el señor Nettlepoint dice que es horrible.
—¿Horrible?