Lo mas selecto
Lo mas selecto —Soy como usted —prosegu×. Me gustarÃa que esto siguiera y siguiera. —Avanzó por cubierta en dirección a la escalera de cámara y fui con ella—. Oh, no, no. En realidad, no me gustarÃa.
Le habÃa cogido el chal del brazo para llevarlo, pero en lo alto de la escalera que conducÃa a los camarotes tuve que devolvérselo.
—Su madre se alegrarÃa si lo supiera —señalé cuando se alejaba.
—¿Si supiera qué?
—Lo bien que le va a usted. Y también la buena de la señora Allen.
—¡Oh, madre, madre! Me hizo venir, me empujó —y bajó deprisa las escaleras, como si no quisiera añadir nada más.
Visité a la señora Nettlepoint por la mañana, después del almuerzo, antes de «echarse». Ese mismo dÃa, por la tarde, me dijo de repente.
—¿Sabe lo que he hecho? Se lo he preguntado a Jasper.
—¿Qué le ha preguntado?
—¡Vaya! Pues si ella se lo pidió, ya lo sabe.
—No la entiendo.
—Me entiende perfectamente. Si esa joven de veras le pidió, en la terraza, que viajara con nosotros.
—Querida amiga, ¿cree que se lo contarÃa si se lo hubiera pedido?