Lo mas selecto
Lo mas selecto —No, no, ni siquiera en ese caso. ¿Quién sabe lo que ella cree?
—Entonces, hace usted exactamente lo que dije: me da un buen ejemplo de inmoralidad materna.
—¡TonterÃas maternas! Ha empezado ella.
—Entonces, ¿por qué ha subido hoy?
—Para que usted se calle.
A la señora Nettlepoint le sirvieron la cena en cubierta, pero yo bajé al salón. Jasper estaba allÃ, pero no Grace Mavis, cosa que, más o menos, esperaba. Le pregunté que habÃa sido de ella, si estaba enferma (debió de pensar que yo era de una pertinacia innoble), y me contestó que no sabÃa nada. La señora Peck me habló de la señora Nettlepoint y dijo que le habÃa interesado mucho verla; pero era una pena que no fuera más sociable. A eso contesté yo que debÃa perdonarla, ya que no se encontraba bien.
—¿Quiere decir que se marea, en este estanque?
—No, no está bien por otro motivo.
—Me parece que ya lo adivino —dijo la señora Peck, echándose a reÃr. Y después añadió—: Supongo que ha subido a cuidar lo que tiene a su cargo.
—¿A su cargo?
—Vamos, a la señorita Mavis. Ya hemos hablado bastante de eso.
—Bastante. No sé qué podrÃa tener que ver. La señorita Mavis hoy no estaba en cubierta.