Lo mas selecto
Lo mas selecto Ante estas palabras, nuestro artista se echó a reír y su interlocutora lo miró fijamente. Antes de que Lyon recobrara la compostura, ésta batía ya la llanura con el otro vecino. El caballero que Lyon tenía a la izquierda por fin se aventuró a pronunciar un comentario y tuvieron algunos fragmentos de conversación. Este personaje representaba su papel con dificultad; hablaba igual que disparan las señoras: mirando para otro lado. Para poder darle la réplica, Lyon tenía que acercar la oreja y ese movimiento lo llevaba a observar a una hermosa criatura que estaba sentada en su mismo lado, más allá de su interlocutor. Estaba de perfil y al principio sólo le llamó la atención su belleza; después le produjo una impresión todavía más placentera: la sensación de un recuerdo sin empañar y una asociación íntima. No la había reconocido al instante porque no esperaba ni remotamente encontrarla allí; tanto tiempo hacía que no la veía en ningún sitio y no tenía noticias suyas. Ocupaba sus pensamientos con frecuencia, pero había desaparecido de su vida. Pensaba en ella dos veces por semana: podría decirse que eso era a menudo, tratándose de una persona a la que hacía doce años que no veía. Un instante después de reconocerla, tuvo la sensación de que era bien cierto que sólo ella podía ser así: no podía existir réplica alguna de una de las cabezas más hermosas del mundo (y aquella dama la poseía). Estaba un poco inclinada hacia delante y de perfil, como si escuchara a alguien al otro lado. Escuchaba, pero también miraba y, al cabo de un momento, Lyon siguió la dirección de sus ojos. Éstos reposaban en el caballero que le habían descrito como coronel Capadose; y le pareció que descansaban en él con algo similar a una complacencia habitual, visible. No era extraño, ya que el coronel estaba inconfundiblemente hecho para atraer las miradas de simpatía de las mujeres; pero a Lyon le decepcionaba un poco que ella pudiera permitir que él la contemplara tanto tiempo sin devolverle la mirada. Ya no había nada entre ellos y él no tenía derecho alguno, pero seguramente ella sabía que él iba a estar allí (por supuesto, tampoco era ningún acontecimiento extraordinario, pero no podía haber estado en la casa sin saberlo) y no era natural que no le diera ninguna importancia.