Lo mas selecto
Lo mas selecto —Oh, deberÃa haberlo hecho —dijo ella—. Es lo mejor.
—¡Me gusta que diga esto… precisamente usted! —contestó él.
—¿Y por qué no puedo decirlo? Soy muy feliz.
—Éste es el motivo de que yo no pueda serlo. Es cruel por su parte cantar alabanzas a su estado. Pero he tenido el placer de conocer a su marido. Hemos charlado un poco en la otra sala.
—Tiene que conocerlo mejor, tiene que conocerlo bien —dijo la señora Capadose.
—Estoy seguro de que, cuanto más se avanza, más se encuentra. Pero también él ofrece un hermoso espectáculo.
Ella posó sus bondadosos ojos grises en Lyon.
—¿No le parece guapo?
—Guapo, inteligente y ameno. Ya ve usted que soy generoso.
—SÃ; tiene que conocerlo bien —repitió la señora Capadose.
—Ha vivido mucho —dijo su acompañante.
—SÃ, hemos estado en muchos sitios. Tiene que ver a mi niña. Tiene nueve años: es preciosa.
—Tendrá que traerla un dÃa a mi estudio, me gustarÃa pintarla.
—Ah, no diga eso —dijo la señora Capadose—. Me recuerda algo muy triste.