Lo mas selecto
Lo mas selecto —En el momento nos pareció mucho. Necesitábamos el dinero, fue hace mucho tiempo, cuando acabábamos de casarnos. Entonces teníamos muy pocos medios pero, afortunadamente, todo ha cambiado para mejor. Se nos ofreció la oportunidad, nos pareció una cantidad considerable y me temo que nos precipitamos. Mi marido tenía ciertas expectativas y, en parte, se han realizado, así que ahora no nos va mal. Pero, entre tanto, nos hemos quedado sin el cuadro.
—Por fortuna, queda el original. Pero ¿quiere decir que las doscientas libras era lo que valía el jarrón? —preguntó Lyon.
—¿Qué jarrón?
—El jarrón antiguo, el hermoso jarrón indio, el regalo del gran duque.
—¿El gran duque?
—¿Cómo se llama? Silberstadt-Schreckenstein. Su marido me ha contado el intercambio.
—Oh, mi marido… —dijo la señora Capadose; y Lyon se dio cuenta de que se sonrojaba un poco.
Sin ánimos de aumentar su malestar y con el único deseo de aclarar la ambigüedad, prosiguió, si bien al instante advirtió que habría sido mejor dejarlo.
—Me ha dicho que ahora forma parte de su colección.