Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Del gran duque? Ah, ¿conoce su fama? Creo que contiene tesoros —estaba desconcertada pero se recuperó, y Lyon se dijo que, por algún motivo, que le parecerÃa bien cuando lo conociera, el marido y la mujer habÃan preparado distintas versiones del mismo incidente. Era cierto que no podÃa imaginar a Everina Brant pergeñando versiones; antes no era asà y, desde luego, tampoco sus ojos parecÃan serlo ahora. En cualquier caso, a ambos les pesaba en la conciencia. Cambió de tema e insistió a la señora Capadose en que le llevara a la niña. Estuvo sentado un rato más con ella y le pareció que estaba un poco ausente, si bien quizá sólo fuera una impresión, como si le hubiera molestado verse sometida a un interrogatorio. Eso no impidió que él le dijera en el último momento, justo cuando las señoras empezaban a congregarse para irse a la cama:
—Por lo que dice, parece usted muy impresionada con mi fama y mi prosperidad, y es tan amable que las exagera. ¿Se habrÃa casado conmigo si hubiera sabido que me sonreirÃa el éxito?
—Lo sabÃa.
—Bueno, yo no.
—Era usted demasiado modesto.
—No le pareció eso cuando le pedà que se casara conmigo.