Lo mas selecto
Lo mas selecto —Me atreverÃa a decir que es muy agradable, ¡me atreverÃa a decir que es tremendamente divertida! —rio el señor Berrington—. ¿Te gustarÃa ir conmigo unos dÃas, Laura? PodrÃamos dar una vuelta por los teatros. No hay motivo para que estemos siempre aburridos en casa. Nos llevamos a la señorita Steet y a los niños y damos a mamá una agradable sorpresa. ¿Y sabes con quién estaba en ParÃs? ¿Con quién imaginas que la han visto?
Laura habÃa palidecido, lo miró fijamente con ojos implorantes: temÃa especialmente que pronunciara un nombre concreto.
—¡Oh, señor, en ese caso, será mejor que nos demos prisa! —exclamó la señorita Steet con voz temblorosa, a medio camino entre la risa y el gemido, en un arrebato de discreción; y, antes de que Laura se diera cuenta, se habÃa llevado a Geordie y a Ferdy de la habitación. La puerta se cerró a su espalda con rápida suavidad y Lionel se quedó mirándola un momento.
—¡Vaya! ¿Qué quiere decir con esto? ¡Qué impertinencia! —tartamudeó Lionel—. ¿Qué creÃa que iba a decir? ¿Pensaba que iba a decir algo inconveniente delante… delante de ella? Maldita sea, ¿cree que voy a delatar a mi mujer delante de los criados? —después añadió—. Tampoco diré nada malo delante de ti, Laura. Eres demasiado buena y demasiado agradable, ¡y te aprecio demasiado!