Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Pero usted escribe tanto… y tan bien! —ante lo cual la señora Harvey se limitó a sonreÃr de nuevo con su hermosa desesperación y, al cabo de un momento, se encontró otra vez en brazos de su visitante. La más joven de ambas mujeres se quedó durante un rato abatida y muda, y, sensible y encantadora como era, inmediatamente abandonó, ante aquella revelación casi augusta, la cuestión de sus pequeñas miserias. Pero a esas horas de la noche hay atajos que el dÃa apenas conoce y bastó un soplo más de realidad para que a lady Claude se le ocurrieran más preguntas al respecto de las que podÃa contestar por sà misma—. Entonces, si no tiene ingresos propios, ¿cómo se las arregla para salir adelante?
—Ah, no salgo adelante.
Lady Claude miró a su alrededor. HabÃa objetos repartidos por la hermosa habitación decorada a la francesa.
—Pero usted tiene cosas bonitas.
—Dos.
—¿Dos?
—Dos vestidos. No podrÃa quedarme un dÃa más.
—Ah, ¿es eso? Yo tampoco podrÃa —dijo lady Claude con tono consolador—. Y tiene una buena doncella… —prosiguió con el mismo talante.