Lo mas selecto
Lo mas selecto —Nadie puede estropearlas tanto como yo. No soy capaz de hacerlas, no sé cómo hacerlas y no quiero aprender. Las escribo mal y, además, a la gente le gusta la basura. Por supuesto, me van a echar.
Estaba en el centro de la habitación y parecÃa que él, inquieto y errático, describiera a su alrededor cÃrculos grandes y lentos.
—¿Hace tiempo que las escribe?
—Dos o tres meses, esta serie. Pero he hecho otras y ya sé lo que pasa. ¡Oh, querido amigo, qué cosas tan raras he hecho!
—¿Y es un trabajo bien pagado?
Ella dudó y después exhaló un gracioso suspiro de indiferencia.
—Tres chelines con nueve peniques. ¿Está bien? —él se habÃa detenido delante de ella y la miraba de arriba abajo. Ella prosiguió—: ¿Cuánto gana usted por lo que hace para el teatro?
—Me parece que un poco más que usted. Cuatro con seis peniques. Pero es lo único que he hecho hasta la fecha. No me han ofrecido nada más.
—Bueno, pero ya le ofrecerán más cosas, ¿verdad?
El pobre Straith seguÃa dando vueltas.
—¿Le gustaron? ¿Le gustó el color? —pero se detuvo de nuevo—. ¡Oh, se me habÃa olvidado que no nos fijamos!