Lo mas selecto
Lo mas selecto —Iré a verlo mañana, si quiere —dijo; lo que tuvo como efecto que, tras observarla un instante, mirara yo a mi alrededor. Con esos dos movimientos advertà dos cosas; una de ellas era que, aunque satisfecha de nuevo de su elevada situación, no podÃa darme nada comparable a lo que habrÃa obtenido si me hubiera aceptado en el momento en que la vi en su distinguida claudicación: la otra era que estaba «asistida» de nuevo y que la sucesora de la señora Brash se habÃa instalado ya plenamente. La sucesora de la señora Brash se encontraba en el otro extremo de la sala y me di cuenta de que la señora Munden estaba esperando ver cómo mis ojos la buscaban. Comprendà el significado de la espera; ¿qué iba a decir yo, en esta ocasión? Oh, lo primero y principal, con seguridad, que aquello era inmensamente divertido, porque, por fin, en esta ocasión no habÃa error. La dama a la que miré y en relación con la cual mi amiga, de nuevo bastante desconcertada, recurrÃa a mà en busca de una frase hecha, era tan poco un Holbein o muestra de cualquier otra escuela como lady Beldonald era, a su vez, un Tiziano. Fue fácil pronunciar la frase hecha porque lo gracioso era que era notablemente bonita: sÃ, literalmente, prodigiosamente: era bonita. lady Beldonald habÃa sido magnÃfica: habÃa sido casi inteligente. La señorita Comosellame sigue siendo bonita, incluso sigue siendo joven, ¡y no importa nada! Importa tan poco que lady Beldonald está, en la práctica, más segura, creo yo, que nunca. Esa persona no ha dado pie al menor comentario y creo que su protectora está muy sorprendida de que no nos haya llamado más la atención.