Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Se entiende, pues, que es a cambio de su palabra de caballero? —estaba tan ansiosa que eso prácticamente cerró el trato, aunque deambulé un poco de acá para allá mientras me miraba con expectación. La atmósfera que nos rodeaba vibraba con la contención de la mujer y la evocación de un vÃnculo muy estrecho. Como bien sabemos, algunas veces uno se atreve a pedir para otro lo que no habrÃa pedido para sà mismo. La idea de solicitarlo para Mary era perfectamente recomendable. El trabajo representaba en realidad mucho más que lo acordado, y si la compradora decidÃa valorarlo asÃ, era asunto suyo.
—Entiendo que da usted también su palabra —dije.
Estuvimos tan de acuerdo que nos dimos la mano.
—¿Y cuándo puedo mandar a buscarlo?
—Bueno, la veré esta tarde. Pongamos que mañana temprano.
—Mañana temprano —y la acompañé al coche, en el cual, recuerdo, mientras se marchaba, manifestó su pesar por no haberse llevado el lienzo. La consolé señalándole que no cabÃa, lo que no era del todo cierto.
Vi a Mary Tredick antes de cenar y aunque no estaba muy seguro del terreno que pisaba, le di la noticia al instante.