Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Y tampoco trajo su coche, que es más grande?
Mi criado, tal como tenÃa por costumbre, sopesó sus palabras.
—Pero, ¿de veras tiene coche?
—Claro, el que trajo ayer.
Entonces se hizo la luz.
—Oh, esa señora. No era ella, señor. Era la señorita Tredick.
La luz se hizo, pero de inmediato la siguió la oscuridad, una oscuridad que, después del desayuno, guio mis pasos a casa de mi amiga. AllÃ, en su lugar original, me encontré con su creación, pero me di cuenta de que serÃa cosa distinta encontrarse con la pintora. Inmediatamente dejó sobre una mesa, como si estuviera esperándome, el cheque que le habÃa mandado.
—SÃ, me lo he traÃdo. Y no puedo aceptar el dinero.
Me desesperé.
—¿Quieres quedarte con él?
—No entiendo lo que ha sucedido.
—¿Te echas atrás?
—No entiendo —repitió— lo que ha sucedido.