Lo mas selecto
Lo mas selecto Pero lo que yo habÃa advertido, por el contrario, era que lo comprendÃa muy bien, lo comprendÃa perfectamente. Al parecer, por culpa de mi exceso de celo, habÃa dado demasiadas pistas sobre el caso, y vi que iba a ponerme a prueba. HabÃa pasado la noche pensando en todo aquello y la generosidad de la señora Bridgenorth, aparejada con las prisas de la señora Bridgenorth, la habÃan tenido en vela. De ahà —en una mujer nerviosa y de espÃritu crÃtico— las imaginaciones, las visiones, las preguntas.
—¿Por qué, al escribirme anoche, diste por hecho que era ella la que se habÃa lanzado sobre el cuadro como un ave de presa? ¿Por qué tenÃa que hacerlo? —preguntó Mary Tredick.
Bien, si podÃa negociar un trato en nombre de Mary, tuve la sensación de que podrÃa a fortiori mentir por ella.
—Porque ella es asÃ. Siempre salta sobre lo que le interesa, es impaciente y poco controlada. Y es una muestra de falsa modestia —dije con diplomacia— que digas que no ves motivo para que se enamore…
—¿Que se enamore? —me interrumpió.
—De ese caballero. Desde luego. ¿Qué mujer no se enamorarÃa? ¿Qué mujer no se enamoró de él? La verdad es que no entiendo qué derecho tienes a echarte atrás.