Lo mas selecto
Lo mas selecto —No me echaré atrás —contestó— si me contestas a una pregunta. ¿Conoce al hombre del cuadro? —después, mientras yo tardaba en contestar—: Se me ocurre que tiene que conocerlo. Eso explicarÃa muchas cosas. Esta sensación tan rara que tengo y la extraordinaria suma que has podido arrancarle.
Era una lástima y me sonrojé, además de estremecerme por la palabra que habÃa empleado. Pero estaba claro que la señora Bridgenorth y yo habÃamos subido demasiado la cantidad.
—¿Crees que si ella lo hubiera adivinado yo habrÃa aprovechado para «arrancarle» más?
Al oÃr eso se apartó de mà y, con gesto inexpresivo, a pesar de su inquietud, vagó de un lado a otro. Después se detuvo.
—Lo veo ahÃ. La oigo a ella decirlo. Lo que has dicho tú que ella dirÃa de él.
Me parece que intenté, como un tonto, aunque sólo fuera por un instante, simular que no recordaba lo que habÃa dicho.
—¿Su marido?
—No lo fue.
Al minuto siguiente me atrevà a decir:
—¿Fue el tuyo?
No sé lo que esperaba, pero me sorprendió su tranquilo movimiento de cabeza.
—No.