Lo mas selecto
Lo mas selecto —Entonces, ¿por qué no pudo ser…?
—¿El de otra mujer? Porque sé a ciencia cierta que murió soltero —siguió hablando con voz muy tranquila—. Conoció a muchas mujeres y hubo una en particular con la que tuvo una intimidad muy larga y ruinosa. Ella intentó que se casaran y él estuvo muy a punto. Sin embargo, la muerte lo salvó. Pero ella fue la razón…
—¿SÃ? —temà que volviera a sentir una oleada de dolor y proseguà mientras ella se contenÃa—: ¿La conociste?
—No quise —y por fin lo dijo—: Me dejó por ella.
Consiguió expresarse con frialdad y no dije más que un anodino y amable «¡Oh!», que indicaba la sensación de que me habÃa contado, en contra de lo esperado, más de lo que podÃa asimilar. Pero mientras me preguntaba cómo devolverle la confianza, repitió, cambiando de voz, la pregunta de antes.
—¿Conoce al hombre del cuadro?
—No tengo la menor idea —y tras desenvolverme con soltura, añadÃ, con lo que ahora me parece una banalidad—: Desde luego, ayer no dijo su nombre.
—¿Sólo lo reconoció?
—Si asà fue, lo ocultó muy bien.
—¿De manera que no conseguiste arrancarle nada?
Esa pregunta me ofrecÃa cierta ventaja.