Lo mas selecto
Lo mas selecto —No sabrÃa decirlo. No pretendÃas hacerlo, al contrario: pero echaste la semilla. Y la planta, después de que te fueras empezó a crecer —dijo, moviendo el caballete con gesto profesional—. Los vi a los dos, allà en tu estudio, cara a cara.
—¿Sentiste celos? —me eché a reÃr.
Me miró a través de sus gafas y pareció, a partir de ese momento, que con una extraña actitud se situaba al otro lado del tiempo transcurrido. Allà se sintió firme, segura; lejos de mÃ.
—Veo que te dijo que estarÃa celosa —sin duda, oculté mal mi sobresalto y ella prosiguió—: Dices que acepto la coincidencia, que es, sin duda, asombrosa. Pero estas cosas pasan. ¿Por qué no iba a aceptarla, si tú la aceptas?
—¿La acepto? —sonreÃ.
Se puso a trabajar en silencio, pero exclamó al poco:
—Me alegro de no haberla conocido.
—TodavÃa no entiendo por qué no quisiste.
—Yo tampoco, fue una cosa instintiva.
—Tus instintos —intenté ser irónico— son milagrosos.
—Tienen que serlo, para estar a la altura de estas circunstancias. Debo pedirte que le digas amablemente, cuando le devuelvas lo que ha dado, que ahora que tengo el cuadro terminado he decidido quedármelo.