Lo mas selecto
Lo mas selecto Dicho lo cual, se alejó del caballete y me di cuenta de que estaba entorpeciendo su trabajo y tenÃa que marcharme. Le tendà la mano.
—Lo pinté… en un estado de ánimo de… como quieras llamarlo, pero lo guardaré con gusto.
No pude contestar nada, no pude seguir fingiendo; el cuadro estaba en sus manos. Durante un momento no nos movimos y tuve de nuevo la sensación, melancólica y definitiva, de que ella estaba, por asà decirlo, en un lugar remoto, dentro del cuadro que habÃa pintado, quieta y cubierta por una pátina de barniz.
—Me lo quitaron y durante todos estos años ha estado guardado. Después, ella misma, por una coincidencia prodigiosa… —se perdió en sus asombrados pensamientos.
—¿Sin proponérselo, te lo devuelve?
Durante un instante, maravillada, cerró los ojos.
—Me lo devuelve.