Lo mas selecto
Lo mas selecto Mamie apartó rápidamente los ojos del dinero colocado en el pequeño pedestal.
—Puede decir lo que quiera.
—Sólo quiero decir que cualquier cosa molesta que tenga que mantener en un discreto segundo plano hace más maravilloso que haya llegado a donde está usted. Me refiero, ya lo sabe, a su posición.
—Ya la entiendo —contestó la señorita Cutter con una sonrisa algo frÃa—, se refiere a mi poder.
—Tremendamente notable, tratándose de una americana.
—Ah, nos aprecian ustedes tanto…
—Pero si no los apreciamos, querida —dijo la señora Medwin con sinceridad.
La sonrisa de su acompañante se iluminó.
—Entonces, ¿por qué vienen a m�
—Oh, usted sà nos gusta —contestó la señora Medwin.
—Pues eso mismo: no existen los «americanos», siempre hay un «tú», un «usted».
—¿Yo? —la señora Medwin parecÃa encantadora pero un poco desconcertada.
—¡Yo! —Mamie Cutter se echó a reÃr—. Pero si le gusto, querida amiga, puede juzgar que usted también me gusta a mà —le dio un beso de despedida—. La veré de nuevo después de verla a ella.