Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿A lady Wantridge? Eso espero, de verdad. Mañana a última hora apareceré por aquÃ, si no me encuentra usted primero. ¿Le ha llegado ya? —preguntó la visita, ahora ya en la puerta.
—No, pero llegará. Hay tiempo.
—Oh, ¡un poco menos cada dÃa!
La señorita Cutter se habÃa acercado a la mesa y miró de nuevo el oro, la plata y el billete, sin pasar por alto los peniques ni un instante.
—¿Y el resto, al dÃa siguiente?
—Esa misma noche, si usted quiere.
—Entonces, cuente conmigo.
—Oh, si no lo hiciera… —pero la puerta se cerró sobre aquella oscura idea. Con ansiedad, y sólo después de cerrarla, la señorita Cutter cogió el dinero.