Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡No hables de mis insinuaciones ni de mis ideas! ¡Bien podrÃas recordar las que te permites tú! ¿Ideas? ¿Qué ideas tenÃa antes de venir aquÃ? —preguntó Laura Wing con voz temblorosa—. No te hagas la escandalizada, Selina; es una defensa demasiado vulgar. Si quieres hablar de libertades, recuerda que me has contado cosas… ¿Qué se dice en tu casa y qué es lo que oye quien vive contigo? Ya no me importa lo que oigo ahora (¡es todo horrible, apenas tengo dónde elegir y mi sensibilidad se ha ido Dios sabe dónde!), y me alegrarÃa que entendieras que no me importa lo que digo. ¡Para hablar de tus asuntos no se puede ser muy quisquilloso, querida! —prosiguió la joven con un arrebato de pasión.
La señora Berrington enterró el rostro entre las manos.
—Dios bendito, ¡verme asà insultada, ultrajada por la desgraciada de mi hermana pequeña! —gimió.
—Me parece que deberÃas dar las gracias de que haya un ser humano, por desgraciado que sea, que se preocupe lo suficiente por ti para preocuparse también por la verdad en lo que a ti respecta —dijo Laura—. Selina, Selina, ¿nos estás engañando de forma espantosa?
—¿«Nos»? —repitió Selina con una carcajada extraña—. ¿A quién te refieres con este «nos»?