Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿De veras? ¡Te lo agradezco infinitamente! Eres una hermanita tierna y afectuosa.
—Si llorar por ti todos estos dÃas hasta quedarme ciega y ponerme mala te parece afectuoso, pues sÃ, lo soy —contestó Laura—. Espero que estés preparada para enfrentarte a él. Está decidido a pedir el divorcio.
A Laura casi le falló la voz al decirlo: era la primera vez que pronunciaba esa horrible palabra en una conversación con Selina. Sin embargo, la habÃa oÃdo con frecuencia en labios de otros; se habÃa manejado con cierta ligereza en su presencia bajo aquellos austeros techos de Mellows, cuyas decoraciones y molduras tanto admiraba, del gusto de mediados del siglo pasado, todas ellas en delicado yeso que le recordaban la porcelana de Wedgewood, a base de finas guirnaldas, urnas, trofeos y cintas anudadas, tantos sÃmbolos de afecto doméstico y unión irrevocable. La misma Selina se la habÃa lanzado con expresión de superioridad, como si fuera una joya preciosa que tuviera en reserva y pudiera convertir en especie en cualquier momento, como feliz provisión para el futuro. Se dirÃa que esa idea, asociada a su punto de vista, era demasiado familiar a la señora Berrington para que fuera la causa de su cambio de color; tal como la presentaba Laura, la observó a una luz ridÃcula, y sus lindos ojos se abrieron mientras sonreÃa con gesto compasivo.