Lo mas selecto
Lo mas selecto —Bien, al fin y al cabo, no eres más que una pobrecita inocente. Aunque yo fuera la más disoluta de las mujeres, Lionel serÃa tan incapaz de divorciarse de mà como de escribir un editorial en el Times.
—De eso no sé nada —dijo Laura.
—Ya me doy cuenta, de la misma manera que me doy cuenta de que debes de haber tenido los ojos bien cerrados. ¿Quieres saber unas pocas razones para que tenga las manos atadas? ¡Por supuesto, no pienso contártelas todas: hay millones!
—En absoluto.
—¿Quieres saber que su propia vida es demasiado indigna para describirla con palabras y que su osadÃa al hablar de mà serÃa asqueante si no resultara grotesca? —prosiguió Selina, cada vez con más emoción—. ¿Quieres que te cuente lo bajo que ha caÃdo, hasta las mismas cloacas, y la encantadora historia de su relación con…?
—No, no quiero que me cuentes nada de eso —la interrumpió Laura—. Y menos ahora, cuando hace un momento estabas tan afectada por las alusiones que yo me habÃa permitido.
—Asà que a él lo escuchas, ¡pero ahora no te parece oportuno escucharme a mÃ!
—¡Oh, Selina, Selina! —dijo la joven, casi en un grito, alejándose.