Lo mas selecto
Lo mas selecto —No, me limito a decir las cosas como son, puesto que he aprendido un poco, gracias a Dios, a verlas: cosa que, estoy de acuerdo con usted, la gente no hace en absoluto. Lleva usted años sumida en el profundo sueño de un hechizo y serÃa una vergüenza, un crimen, despertarla. En realidad, ya tengo la sensación, con muchÃsimos escrúpulos, de que estoy sacudiéndola de manera fatal. Lo digo aunque parezca que me creo el prÃncipe encantador.
Ella lo miró con la más amable y singular de las miradas, a la que él iba ya acostumbrándose, a pesar del débil temor, en el fondo, a las cosas extrañas que ocurren algunas veces cuando las damas solitarias, por maduras que sean, empiezan a mirar a los jóvenes interesantes de ultramar como si los jóvenes desearan flirtear con ellas.
—Es magnÃfico —dijo ella— que sea usted tan raro y, sin embargo, tan bondadoso.