Lo mas selecto
Lo mas selecto —Entonces, ¿la verá usted esta noche en Londres?
—Huy, no. ¿Hacer eso en la posición en que me encuentro? ¿Cuando me pregunto si podré volver a verla nunca? —le habÃa dado la vuelta al argumento—. Si después de esto pudiera ver a Addie, también podrÃa verla a usted. Y si veo a Addie —prosiguió lúcidamente—, lo que sucederá, de paso, es que también la veré a usted. Y lo que más temo es lo que acabo de explicarle.
—¿Me está diciendo que ella y yo seremos inseparables?
Él vaciló.
—Le estoy diciendo que me lo contará todo de usted. Me la imagino poniéndola por las nubes.
La señorita Wenham volvió a soltar aquella risita que parecÃa un gemido, infinitamente triste.
—Oh, pero, si lo que dice usted es cierto, usted se enterará.
—¡Ah, pero Addie no! Quiero decir que no sabrá que yo lo sé. O, al menos, no querrá creérselo. No querrá creer lo que todo el mundo sabe —añadió con un suspiro extraño y contenido—. Asà es Addie. ¿Sabe que, al fin y al cabo, lo que ha sucedido es que usted me ha hecho verla como nunca la habÃa visto antes?
Ella parpadeó y soltó un grito ahogado, desconcertada y desesperada.