Lo mas selecto
Lo mas selecto El Sanctasanctorum de la Casa Natal era una habitación de bajo techo, la sublime Cámara Natal, sublime porque, como acostumbraban a decir los americanos —que, a diferencia de los nativos, por lo general sà encontraban palabras—, era muy conmovedora; y era conmovedora porque era… Bueno, en realidad, por nada en el mundo que pudiera nombrarse, numerarse o medirse. Estaba tan vacÃa como una cáscara con el fruto seco, y no contenÃa bustos, grabados ni ejemplares antiguos; sólo el Hecho —el Hecho mismo— que, mientras nuestro amigo la contemplaba a medianoche, sintiendo, conteniendo el aliento, le permitÃa sumergirse en él. No tenÃa más remedio que considerar que era ese el lugar donde era más probable que el espÃritu pudiera deambular y donde, por lo tanto, serÃa más fácil encontrarlo, con ciertas posibilidades de reconocimiento y reciprocidad. Lo más probable era que él —Él— no hubiera vivido apenas en esa habitación, pues, por lo general, los hombres carecen de la aptitud de aprovechar en su beneficio posterior o de incorporar a su fortuna general el lugar mismo donde nacieron. Pero, dado que habÃa momentos en que, en el conflicto entre teorÃas, la única certeza firme para el crÃtico amenazaba con ser que Él —a diferencia de otros hombres de éxito— habÃa nacido, Gedge, si bien tenÃa poco de crÃtico, se aferraba a la superficie del espacio que, aunque fuera débilmente, se vinculaba con la apariencia firme. TenÃa poco de crÃtico: no lo era en absoluto; no pretendÃa serlo antes de ir allà ni habÃa ido para pretenderlo; además, afortunadamente para él, veÃa dÃa a dÃa lo poco que le habrÃa servido. La actitud de un gran experto habrÃa sido para él un auténtico escollo, y el hecho de que se alegrara de su ignorancia, mientras pasaba el invierno, era una de las perspectivas que, a su extraña manera, intentaba comunicar a su esposa. Ella lo negaba, porque ¿no estaba ella presente desde el principio, no seguÃa presenciando cómo su esposo estudiaba incansable y reverente todo lo relacionado con el asunto? Estaba tan presente que ella misma habÃa aprendido más de lo que le habÃa parecido probable. Además, en segundo lugar, Gedge no iba a proclamar por los tejados sus puntos débiles porque quién sabÃa, si trascendÃa que eran unos ignorantes, el efecto que producirÃa.