Lo mas selecto
Lo mas selecto Nuestro amigo apenas fue consciente de lo que pasó después, porque se produjo una ligera confusión, la confusión de un raro brillo de oro, un soberano entregado bruscamente; de un movimiento rápido, casi violento, por su parte, que, para empeorar las cosas, podría haber enviado el dinero a rodar por el suelo; y, finalmente, la confusión del sonrojo de los presentes y un notorio apuro que, a su vez y de modo ciertamente extraño, derivó rápidamente en una mayor confianza. Era como si el joven le hubiera ofrecido dinero para compensarlo, en cierto modo, por haberlo engatusado, y después, al percibir el error, pero sintiendo por él mayor aprecio por su rechazo, hubiera deseado borrar la tensión derivada del error original. Lo hizo mientras Gedge mantenía ya la puerta abierta, diciendo lo más oportuno que le pasó por la cabeza y diciéndolo con su tono franco y alegre:
—¡Por suerte, nada de esto afecta a la obra!