Lo mas selecto
Lo mas selecto —Eso es exactamente lo que Ellos no quieren hacer, lo que no me dejan hacer. Eso es lo que yo quiero: dejar solo al autor. El autor casi no existe —tenÃa la sensación de que estaba aprovechando su última oportunidad—; tenemos que enfrentarnos a ello. Existen unos personajes inmortales… en la obra; pero no hay nadie más.
—Sà —dijo el joven—, ésa es la conclusión. Para aclararlo todo, no deberÃa existir esa Persona.
—Como usted dice, ésa es la conclusión. No existe esa Persona.
El aire vespertino escuchaba, en la cálida y densa quietud de aquellas tierras del centro del paÃs, cuando resonó la exclamación de su esposa.
—Pero ¿no hubo…?
—Hubo alguien —dijo Gedge, apoyado en la jamba de la puerta—. Pero Ellos lo han matado. Y, muerto como está, siguen adelante. Lo vuelven a matar. Lo matan cada dÃa.
Se dio cuenta de que lo habÃa dicho con aire tan sombrÃo —más sombrÃo de lo que deseaba— que sus acompañantes se miraron e incluso, tal vez, lo tomaron por un excéntrico. Isabel ya le habÃa advertido que los demás lo mirarÃan asà si les hablaba como le hablaba a ella. Sin embargo, Gedge deseaba saber cómo sonarÃan sus palabras cuando lo declararan incapaz por deterioro mental.