Lo mas selecto
Lo mas selecto —Entonces, si no hay autor, si no hay nada que decir excepto que no hay nadie —preguntó la joven sonriendo—, ¿por qué tiene que haber una casa?
—No tendrÃa que haber ninguna casa.
Decididamente, sÃ, aquel joven le agradaba.
—Oh, no quiero decir con eso que tengan que demolerla…
—Entonces, ¿adónde irÃan ustedes? —preguntó dulcemente su acompañante.
—Eso es lo que pregunta mi mujer —contestó Gedge.
—Entonces, ¡siga adelante, siga adelante! —y el marido le tendió la mano.
—Eso es lo que dice mi mujer —añadió Gedge mientras la estrechaba.
La joven, criatura encantadora, imitó al otro visitante y ofreció la mano a su notable amigo.
—En ese caso, cuide a su esposa.
El pobre hombre los miró con expresión grave.
—¡Lo harÃa si fuera una esposa como usted!