Lo mas selecto
Lo mas selecto —SÃ, ¡si hubiera sido…! —y miró a lo lejos, como si viera la calle gélida a través de la ventana. Después se volvió de nuevo hacia ella—. TodavÃa tengo miedo. Por ti, quiero decir —añadió.
—Y yo querÃa decir por ti. Imagina que hubieras venido a anunciarme ahora que nos habÃan echado. ¿Qué me habrÃa parecido verte despedido? ¡SÃ, a la calle! —añadió mientras sus ojos se movÃan una vez más desde su pequeño cÃrculo cálido hacia la noche de principios de invierno, al otro lado del cristal, hacia los pasos escasos y rápidos, las puertas cerradas, las cortinas corridas como la suya, tras la cual el pequeño pueblo insulso, intrÃnsecamente aburrido, se preparaba para cenar.
Él se puso rÃgido mientras se calentaba la espalda; puso la cabeza recta y se agitó un poco, como si quisiera enderezar los hombros caÃdos, pero tuvo que reconocer que ella tenÃa razón.
—¿Qué habrÃa sido de nosotros?
—¿Qué habrÃa sido? HabrÃamos tenido que mendigar para comer, o yo habrÃa tenido que ponerme a lavar.
Él guardó silencio un rato.
—Soy demasiado viejo. DeberÃa haber empezado antes.
—¡Oh, por Dios! —exclamó ella.