Lo mas selecto
Lo mas selecto —TenÃamos muchas ganas… por lo que habÃamos oÃdo… —pero miró el rostro grave de su marido; éste todavÃa no las tenÃa todas consigo. Ante esto se sintió ligeramente desconcertada, pero abrevió—: Supongo que ya lo sabe… ¿no?… Que, con las multitudes que lo escuchan, nos han llegado noticias.
Él los miró, primero a uno, luego a otro, y, una vez más, algo le pasó. Se habÃan acordado de él, no temÃan ni se avergonzaban de decirlo, y era un franco interés, por parte de aquella criatura encantadora y aquel caballero perspicaz y cauto, un interés que resistÃa al olvido y sobrevivÃa a la separación, lo que habÃa decidido su regreso. La visita anterior habÃa sido uno de los momentos más luminosos de su vida, pero aquél era el más grave; de manera que, al cabo de un minuto, algo se quebró en él y su máscara cayó sola. Como habrÃa dicho Gedge, abandonó la coherencia; ésta, mientras desaparecÃa, le llenó los ojos de lágrimas. Por ello esbozó una rara sonrisa.
—¿Han oÃdo contar cómo me va?
El joven, aunque seguÃa escrutándolo, al oÃr esto se sintió seguro del terreno que pisaba.
—Claro, se habla muchÃsimo de usted. Se ha hecho famoso en todo el mundo.
—¿Han oÃdo hablar de mà en América?
—¡Si no se habla de otra cosa!