Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Fue por motivos propios? Me refiero a su propia percepción del asunto.
—Bueno, llámelo asÃ. Nos acordábamos y nos preguntamos qué habÃa pasado. De manera —el señor Hayes reÃa ahora con franqueza— que hemos venido a verlo.
Gedge miró a través de las lágrimas.
—¿Han venido desde América para verme?
—Oh, en parte. Pero, una vez en Inglaterra, no podÃamos dejar de verlo.
—¡Y ahora ya lo hemos visto! —añadió la joven con dulzura.
Gedge no podÃa por menos que seguir boquiabierto ante la sinceridad del halago. Pero intentó contestarles —eso era lo que menos le costaba— en su mismos términos.
—Bueno, ¿y qué les ha parecido?
La señora Hayes, pensó Gedge —como si su respuesta tuviera que ser importante—, soltó una risita nerviosa.
—Oh, pues mire…
Una vez más, Gedge los miró alternativamente.
—Es brutalmente fácil, ¿saben?
El marido alzó las cejas.
—Oculta usted su arte. La emoción… sÃ, tal vez eso sea fácil; el tono general debe fluir. Pero los hechos… tiene muchos: ¿cómo los hace pasar?