Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Iba siguiéndola, pero la detuve:
—¿Solo?
—Solo, con nosotros. —Luego, como si hablara desde más hondo, agregó—: De encargado.
—¿Y qué fue de él?
Se retuvo tanto tiempo que aumentó mi confusión.
—También se fue —soltó al cabo.
—¿Adónde se fue?
Entonces su expresión se tornó muy rara.
—¡Dios sabe adonde! Murió.
—¿Murió? —casi chillé.
Ella parecÃa cuadrarse, plantarse en el suelo con mayor firmeza, para pronunciar lo más asombroso de todo.
—SÃ, el señor Quint ha muerto.