Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Este diálogo se cruzaba cierta mañana de abril del año de gracia de 1590, algunos días después de Pascua de Resurrección, en la plaza del Mercado de Calatayud, la noble ciudad aragonesa que Ayub fundara cerca de las ruinas de la antigua Bílbilis, y que tan justamente famosa se hizo en los fastos de la historia del reino de Aragón, por el valor y la laboriosidad de sus hijos, las proezas de sus tercios y las Cortes que repetidas veces se celebraron en su recinto.
Eran los interlocutores varios mercaderes, que en la propia plaza tenían sus tiendas, y algunos labradores acomodados y hombres del pueblo, que, formando corro delante de la casa de la ciudad, cuchicheaban misteriosamente y aun comentaban con calor las novedades cuyo anuncio tanto sorprendió al recién llegado cuando abordo el corrillo ele sus madrugadores amigos y convecinos.
En cuánto a este, a quien ya hemos oído saludar con el nombre del señor Jorge Blasco, era un aragonés a carta cabal.
Rico labrador cuyas yuntas no se daban punto de reposo, y en cuyas feraces viñas hallaban trabajo muchos jornaleros durante el invierno, era tan respetado por su proverbial honradez y su inquebrantable formalizada como por él rancio abolengo de su familia.