La Metamorfosis
La Metamorfosis La madre —que, a pesar de la presencia del gerente, estaba allí sin arreglar, con el pelo revuelto— miró a Gregorio, juntando las manos, avanzó dos pasos hacia él, y se desplomó por fin, en medio de sus faldas, que se desplegaban a su alrededor, con la cabeza caída sobre su pecho. El padre amenazó con el puño, con expresión hostil, como si quisiera empujar a Gregorio hacia el interior de la habitación; se volvió luego, saliendo con paso inseguro a la sala y, cubriéndose los ojos con las manos, rompió a llorar mientras los sollozos sacudían su robusto pecho.