Fundamentación de la metafísica de las costumbres

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El principio racional de la perfección como un fin a alcanzar por nosotros es el mejor de los principios heterónomos de la moralidad propuestos, puesto que al menos éste apela a la razón para tomar una decisión. Sin embargo, en la medida en que sólo nos ofrece el máximum de realidad apropiada a nosotros, resulta totalmente vago; y si incluye la perfección moral, es obviamente circular. El propio Kant sostiene que la ley moral nos ofrece cultivar nuestras dotes naturales (el ejercicio de nuestros talentos) y nuestra perfección moral (el cumplimiento del deber por el deber mismo). Sus objeciones van dirigidas contra la idea de que debemos obedecer la ley moral a fin de conseguir nuestra propia perfección.

El principio teológico que dice que ser moral consiste en obedecer la voluntad perfecta de Dios debe ser claramente rechazado. Si suponemos que Dios es bueno, esta suposición implica que ya conocemos lo que es la bondad moral, y nuestra teoría se convierte en un círculo vicioso. Si, por otra parte, excluimos la bondad de nuestro concepto de la voluntad de Dios y lo concebimos meramente como un Ser todopoderoso, basamos la moralidad en el miedo a una voluntad arbitraria pero irresistible. Un sistema moral de esta especie está en franca oposición con la moralidad. Aunque la opinión de Kant es que la moralidad debe conducir a la religión, ella no puede ser derivada de la religión.

[Págs. 136-137: El fracaso de heteronomía]


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