Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Kant dedica nada menos que los primeros once párrafos de ese segundo capítulo para reiterar su tesis de la necesidad de una ética pura, mientras aprovecha la ocasión para despacharse con los profesionales de la filosofía moral popular por el batiburrillo, infame a su juicio, de ejemplos y conceptos con el que confunden más que ilustran al hombre común. Además de sobreabundar en su ya conocida tesis de que la ética no se reduce al mero estudio empírico de la naturaleza humana que llevan a cabo la psicología y la antropología[22], ahora añade que la materia nuclear de la ética no consiste en ejemplos sino en conceptos, pues sólo así puede entenderse que la buena conducta no sea un asunto de mera imitación sino de acción responsable. Para él, como buen pensador ilustrado y en contra de lo que muchos creen o predican, la enseñanza ética no sólo no es fruto o consecuencia de la evangélica, sino que ésta lo es de aquélla[23].