La Religion dentro de los limites de la mera Razon
La Religion dentro de los limites de la mera Razon En efecto, la aceptación del primer requisito para la beatificación, a saber: de la fe en una satisfacción suplente, es en todo caso necesaria sólo para el concepto teorético; no podemos hacernos comprensible de otro modo la liberación del pecado. Por el contrario, la necesidad del segundo principio es práctica y puramente moral; no podemos con seguridad esperar ser partícipes de la adjudicación misma de un mérito ajeno satisfactorio, y así partícipes de la beatitud, de otro modo que si nos cualificamos para ello por nuestro esfuerzo en el seguimiento de todo deber humano, el cual ha de ser el efecto de nuestro propio trabajo y no a su vez un influjo ajeno cabe el cual somos pasivos. En efecto, puesto que este último mandamiento es incondicionado, es necesario que el hombre lo ponga como máxima por base de su fe, es decir: que comience por el mejoramiento de su vida como condición suprema bajo la cual puede tener lugar una fe beatificante.
La fe eclesial, en cuanto fe histórica, comienza con derecho por el primero de los dos principios mencionados; pero, dado que ella contiene sólo el vehículo para la fe religiosa pura (en la que reside el verdadero fin), aquello que en ésta en cuanto fe práctica es la condición —a saber: la máxima del hacer— ha de constituir el comienzo, y la del saber o fe teorética no ha de hacer otra cosa que confirmar y consumar la primera.