Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Quizá, pero si la señora d’Imblevalle no se hubiera quedado allÃ…
No cambiaron más palabras. Herlock Sholmes dio todavÃa dos o tres vueltas por la cubierta, para instalarse después junto a su compañera de viaje.
El telón de brumas se disipaba y las nubes parecÃan desprenderse del cielo. Las estrellas titilaban.
Sholmes sacó la pipa del fondo de su abrigo, la llenó y frotó sucesivamente cuatro fósforos sin lograr encenderlos. Como no tenÃa más, se levantó y le dijo al hombre que se encontraba sentado a algunos pasos:
—¿Quisiera darme fuego, por favor?
El hombre abrió una caja de fósforos de Bengala y encendió uno. Al fulgor de la llama, Sholmes vio a Arsenio Lupin.
Si no hubiera habido en el rostro del inglés un gesto imperceptible, Lupin hubiera supuesto que Sholmes conocÃa su presencia a bordo, tan dueño permaneció de sà y tan natural fue la forma en que tendió la mano a su adversario.
—¿Sigue usted bien, señor Lupin?
—¡Bravo! —exclamó Lupin, a quien tal dominio sobre sà mismo arrancó un grito de admiración.
—¿Bravo?… ¿Porqué?